MI RECUERDO DE AQUEL 24 DE NOVIEMBRE DE 1981
Las visitas de Robert, mi hermano chico; se hacían frecuentes por esos días... ( Noviembre de 1981) Acudía día por medio a un Instituto especializado en enfermedades de las vías respiratorias, para aplicarse...unas vacunas que llegaban desde el extranjero. Tras el procedimiento, se sentía pésimo, falto de ánimo y aprovechaba de "tirarse" en mi cama para descansar un rato y ganar energías para después ascender hacia las alturas de Achupallas ( en bus); lugar donde se encontraba su residencia.
Aún puedo recordar su semblante desencajado y pálido. Su eterna dificultad que le acompañaba desde los siete años; después de ser intervenido quirúrgicamente de un quiste testicular. ¡ Qué curioso!. Mi mamy le había advertido al doctor, lo preocupada que se sentía porque Robert aún se encontraba resfriado, en visperas de la cirugía. Pero se sintió más tranquila, cuando el profesional le aseguró que "esos eran puros cuentos de viejas antiguas". Y mi mamy de vieja y antigua, nada tenía....(y aún no tiene), menos cuando mis hermanos, mi hermana y yo...éramos niños pequeños.
Lo extraño fue que después de esa cirugía....se inició una secuela que se transformaría con el tiempo en el verdadero karma de su vida.
En el 81, con casi treinta años; tenía todas las ganas del mundo que este tratamiento fuera eficaz y le facilitara los resultados esperados. Era el deseo que lo impulsaba a seguir siempre hacia delante y que compartía con la Mony, su señora y por supuesto que todos los apoyábamos en pleno, con nuestras mejores vibras, pensamientos positivos y la oración hacia lo Alto.
Y llegó una fecha señalada, me refiero al 24 de noviembre de 1981 Y con ella el inicio de un dolor de esos que "apenas se soportan".
Esa mañana, el reloj despertador que siempre ha permanecido en el velador del Gordy, junto con la típica radio reloj, para asegurar mejor la puntualidad en la iniciación de actividades diarias; nos avisaba que un nuevo día estaba comenzando, mientras el Rorrito se estiraba en su cunita, presto a solicitar su papa-pechuga.
En las piezas contiguas, los peques dormían plácidamente. Sin duda que las niñas pronto serían despertadas. Aún no finalizaba el año escolar y la Poly y Milva asistían a clases por las mañanas. El Gordy las trasladaba en el Fito y, obviamente que Maury no tenía los problemas de la levantada temprano, pues sus clases se desarrollaban en la jornada de la tarde.
De improviso, fuertes golpes en la puerta de calle nos sacaron de la típica modorra matinal. Tras los golpes; unos gritos alterados nos permitieron identificar la voz de Patty, mi hermana menor.
¿Qué pasaría?. ¿Sería mi papá y alguna nueva crisis, debido a su crónico mal estado de salud y esa hemiplejía que lo acompañaba desde hacía un tiempo?. Pensar en ello, aunque me doliera un montón, era lo más acertado en relación con las malas noticias. Aceleradamente, mi amado se dirigió hacia la puerta y al abrirla, Patty estaba transformada en un montón de sollozos, balbuceaba, gesticulando, a la vez que avanzaba por el pasillo para, por último, arrojarse en mis brazos, sin parar de llorar.
Con su actitud, inmovilizó mi acción, dejándome a la vez... trémula y angustiada.
"¿Qué pasa Patty?", la interrogué con gran nerviosismo...casi exigiéndole una respuesta inmediata.
"¿Qué pasa?....¡dime algo por favor!".
"¡Chira, tú no sabes lo terrible que ha pasado!".
Un frío indescriptible me corrió por la espalda e insistí:
"¡Pero por Dios...qué pasó Patty, dímelo ya....de una vez!"
"¡El Robert, Chira...el Robert....!"
"¿Qué pasa con el Robert?...le insistí a gritos.
"El Robert...se murió, Chira", respondió por fin, sin poder controlarse y llorando a mares. No sabía qué decir, la angustia comenzó a invadirme de pies a cabeza... paralizándome aún más.
No podía ser verdad lo que acababa de escuchar. Nada cuadraba con mis instantáneas cavilaciones
El había permanecido la tarde anterior en nuestra casa, ¿cómo podría estar muerto hoy?. No podía creerlo. Sin duda era sólo un mal despertar....tras un sueño reparador. No podía ser real lo que estábamos viviendo. Era una de esas pesadillas...
El Gordy, con su mirada tierna de siempre, muy impresionado; trataba de consolarme con sus ojitos enrojecidos que lo decían todo, ya que en esos casos las palabras parecen sobrar.
Yo necesitaba comprender lo que había ocurrido. ¿Cómo podría ser, si en la víspera se había aplicado la sexta vacuna para su asma, de una serie de chorrocientas que aún le faltaban?
El llanto de ambas ya se hacía más sereno. Por fin la Patty nos relató lo acontecido.
Después de visitarnos, nuestro hermano, había dirigido sus pasos hacia el Liceo San Antonio, para consultar sobre el resultado del examen de Toñito, quien postulaba para ingresar al Establecimiento al año siguiente. Feliz tras leer el listado de los aprobados aceleró el paso, para retirar a las mellizas: Ely y Mony, de la escuela donde ambas estudiaban. Muchos habían sido testigos de su corre - corre con las chiquitas, por las calles del sector oriente, entre 11 y 12 norte.
Hasta ahí todo iba perfecto. "¿Pero qué pasó después?", interrogué, ávidamente, a mi hermana.
Continuó el relato, el que a su vez le había referido la Mony, su "viuda" ( cómo me costaba asimilar el nuevo estado civil de mi cuñada)
Caída la noche, había presenciado uno de esos partidos definitorios, que antes y hoy han exihibido por la tele. Ella lo notó algo alterado por el resultado final ¿o sería por el arbitraje?. Le apasionaba el fútbol y no se perdía las estadísticas, los goles, la tabla de posiciones; todo lo concerniente al deporte del balón pie.
En algún momento de su vida, incluso se "pegó" algunas duras pichangas con los chicos vecinos de su edad. En el colegio, también le hizo empeño....cansado y todo...con esa interminable dificultad respiratoria de casi toda la vida, su compañera de camino...año, tras año.
La crisis se hacía presente no sólo por la humedad ambiental; también reaparecía en el momento menos esperado. Con el tiempo había descubierto que existía "algo" que la gatillaba: la neura o el stress.
Tenía la neura pa'dentro y esa es de las peores. No se nota, porque la procesión va por dentro.
Esa noche, seguramente, fue la rabia, la impotencia ante un resultado que según él, había sido injusto. Era un sujeto de emociones fuertes, sensible como pocos aunque de apariencia bastante tranquila y controlada. Nadie podía imaginar que también se enojaba y en verdad, lo hacía notar.
Fue entonces que el aire comenzó a faltarle. El ahogo se presentó casi de inmediato...y al sentirse con los nervios alterados se agravaba aún más la situación; era tiempo de echar mano al inhalador.
Seguramente recordó la advertencia de su médico: "no abusar" de ese artilugio porque podría ser un enemigo...más que un amigo, para su precaria salud. Lo de las violentas palpitaciones de su corazón....algo decían...no eran sólo nervios, según el facultativo.
Presionó aquel "salvavidas", para ¡por fin! percibir algún efecto beneficioso en su disminuida y alterada respiración...¡ pero no resultaba!.... Una y otra vez, realizó la desesperada operación. La angustia lo llevó a los extremos...haciendo presa de él. Robert se ahogaba más y más....y nadie podía hacer algo...¡nadie!. Los minutos pasaban y pensó en aquietar los nervios; tomar un calmante...sí, eso podría ayudarle. Tenía alguno a mano, un Valium quizás.
Se sentía peor. De pronto una necesidad irresistible le devolvió las fuerzas ya perdidas. Sólo quería llegar al dormitorio de las niñitas, sus mellizas, a las que tanto amaba. Toñito, se había despertado a los gritos sobresaltados de Mony. Mientras Robert iniciaba la "gran odisea de su vida". La meta ya estaba definida: llegar a la pieza de sus hijitas, que dormían plácidamente, ajenas a lo que estaba aconteciendo.
Toñito, con sus ocho años, seguía de cerca el lento desplazamiento de su padre....hasta que, con su frágil y delgado cuerpo, éste...se desplomó pesadamente, justo en la entrada de la habitación.
Y allí quedó, inmóvil.
Mony ya había salido fuera de casa...corrió y corrió...unas cuadras más arriba...en busca de ayuda. Sus tíos vivían cerca y estaba segura que su intento sería oportuno y eficaz.
Mientras tanto, Toñito velaba el profundo sueño de mi hermano chico, allí, de rodillas, contemplándolo; firme, sin una sola lágrima en sus ojitos de niño. Me pregunto qué pensaría en esos terribles instantes. ¿Qué sucedió en su cabecita de niño chiquito? Sin duda, alguna fuerza invisible y sobrenatural lo brindaba esa serenidad que urgía en esos precisos y dolorosos momentos....¿o existe otra explicación?: ¡parecía un pequeño "gran hombre"!.
Aunque Mony insistía, ya era tarde. Pero ella no se daba por vencida.
-"Habría que llamar al Hospital Fricke para que enviaran una ambulancia ¡urgente!". O mejor aún - "Se perdería menos tiempo si lo llevamos en taxi"....así pensaba, quizás evitando asumir la cruda realidad.
Llamó a mi mamy ¡mi pobre mamy! ¡ qué dolor más atroz para ella!. Se vistió apresuradamente. No podía evitar el rezo en los labios; aunque desde su corazón manaba toda la hiel más concentrada que te puedas imaginar. Trataba de convencerse con aquello de "que los milagros existen" y "que para Dios no hay nada imposible".
El cuerpo exánime de Robert, yacía en el asiento trasero del taxi. Al subirse, el impacto para mi mamy fue terrible. Se sentó a su lado para acariciar con ternura su rostro pálido y frío o bien; para tratar de entrelazar con sus manos, las suyas, lívidas, inertes y sin movimiento. El corazón de mi madre latía aceleradamente, mientras su mente no dejaba de pensar:
"¡Algo no anda bien con el Robert!. ¡No siento su pulso. Pero todo puede ser...todo puede ser...¡no Dios mío....que no se vaya!".
Su cabeza parecía estallar; entre súplicas, reflexiones, pensamientos y elucubraciones. Y la realidad era tan simple: Robert había marchado a lo que se llama Eternidad, para los creyentes, o había vuelto a casa, para otros, o quizás había cumplido su ciclo en esta encarnación... o bien todo había terminado, tras su último suspiro, para quienes están seguros que tras esta vida, no hay otra.
Él debería estar más que satisfecho. Se lo había jugado todo y hasta el último suspiro. ¡Lo había dado todo!. Pocos días faltaban para que cumpliera 30 años. Estaba en la plenitud de su vida, y aunque para muchos pareciera una existencia llena de achaques y sinsabores; sabía encontrarle el lado bueno de la balanza, el equilibrio entre lo positivo y negativo. Pocos recreos le visitaban...y apenas pasaban...¡zaz!, aparecía en el momento menos pensado, su amiga de siempre: la crisis asmática se presentaba sin siquiera ser invitada.
Los ataques se hacían más rebeldes y la "bombita inhaladora", que tantas veces lo socorrió como un ¡ayúdame a vivir!, casi no era efectiva en su acción. El médico le había advertido sobre el uso desmedido y sin control, de la mentada bombita; pero el miedo es cosa viva y sé que mi hermano abusaba de ella, cuando el ahogo lo descontrolaba.
Sus cercanos sentimos como si un puñal atravezara nuestro corazón. Resultaba muy incomprensible: tan joven y dejar solos a una viuda y tres hijos pequeños. Sufríamos con Robert y su partida tan temprana. Pero, con el tiempo, comprenderíamos que para él se habían terminado las vacunas, inhaladores, drogas, friegas, inyecciones y demases. Ya no más dificultad respiratoria, ni posturas raras para "captar mejor el aire". Robert contaba para sí, con todo el aire del universo, del cosmos. Todo todísimo para él, que a veces lo pasó tan mal...sin quejarse...ni alegar...con una entrega valiente y única...como sólo lo hacen los hombres de verdad. Desde sus cortos ocho años...hasta los casi treinta. ¡Grosso! ¡Unico!¡Un ejemplo!
Resulta increíble comprobar cómo van apareciendo los recuerdos uno tras otro. Es como la proyección de una película: acción va....acción viene....cuadro tras cuadro.
Recuerdo vívidamente la valentía de mi pequeño hermano travieso, que a pesar de su casi cotidiana respiración entrecortada; se veía involucrado en las travesuras de Memo, mi hermano number two. Y fue atroz cuando debió sufrir curaciones terribles, tras quemarse una de sus piernas. Ni siquiera chistaba cuando le sacaban "eso como chicle", que era su epidermis. Así se refería a la capa de tejido quemado. En verdad era todo un hombrecito: valiente como ninguno.
Y si el éxito se midiera por la cantidad de gente que asiste a tu funeral, Robert era todo un triunfador.
¡Fue increíble!. Y pensar que era de esos tipos "piolitas", que no andan por ahí, derrochando palabras o hablando fuerte, para hacerse notar. Era de los que sabían escuchar, acogedor con todos, buen amigo y "cumpa". De repente sorprendía con su genio...pero era por la fuerza de sus convicciones o quizás por una u otra porfía de esas propias de "cabro joven".
¡Cómo me ayudó en nuestros primeros años de casorio....con esa habilidad que siempre admiré: el impecable planchado de las camisas del Gordy. El no sabía, o quizás no se atrevía a doblarlas...por eso las colgaba una por una en las sillas del comedor de mis papys....desde allí y con mucho cuidado, yo procedía a abotonarlas y plegarlas en todos sus dobleces. Fuímos un súper equipo de trabajo por esos tiempos. La recompensa, unas moneditas que me solicitaba para sus gastos menores, aquellos tipicos de lolo que estaba pololeando.
Todos esto y mucho más, ya era parte de aquel arsenal de recuerdos que se agolpaba en mis sienes, apurándose por salir.
La Parroquia de San Antonio estaba llena. Repleta de corazones doloridos, almas y mentes quebrantadas por la pena. Repleta de llanto reprimido, que en el silencio sobrecogedor, amenazaba con exteriorizarse.
Era la despedida al buen hijo, al hermano de lujo, al buen funcionario del Banco del Estado, aunque su contratación oficial nunca se finiquitó. Al marido y al padre que fue haciéndose a pulso, alimentado por el gran amor que sentía por los suyos.
¿Cómo no testimoniarle, en el postrero adiós, que lo queríamos un montón?. Todos nos dimos cita en el santo lugar, junto al oscuro féretro que guardaba su inmóvil, pálido y joven cuerpo. Pero él, ya no estaba allí...su esencia....su alma; permanecía sobre nuestras cabezas, respirando con gran paz, sin dificultad todo el aire del universo. Ya estaba sin dudas, en esa otra dimensión, en la que todo "es livianito" y etéreo; esa dimensión en la que no existe el dolor ni la angustia....sólo la paz infinita, regalo del DIOS AMOR, a quienes en verdad se la han ganado; a los valientes, a los elegidos como mi hermano Robert...."piolitas" y humildes hasta la médula; entregados "forever"a la voluntad del Padre.
Creo que él nunca supo que sí se merecía el Cielo. Pero se llevó la tremenda sorpresa. ¡ Hasta la vista Robert.....quizás, algún día nos veremos!. Estás y permaneces en aquello que aquí llamamos Eternidad o la Vida eterna. Desde allí velas y has velado, a contar de tu partida terrena ...por los tuyos, tu gente; los que cuidaste y sigues cuidando por siempre, aunque quizás nunca se han dado cuenta de ello.
En verdad y a estas alturas de my life, creo firmemente que nos han inventado todo un cuento en torno a la muerte....porque no existe y el que nuestro cuerpo físico haya cumplido su ciclo...no significa muerte; sino transformación y transcendencia.
¡Hasta la vista mi brother...nos encontraremos en sueños...o quizás....allí donde tú estás.¡ Sólo DIOS lo sabe! ¿Who knows?
Tu hermana, chiruca.